Diversión, disciplina, esfuerzo, y empatía.

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La consecución del primer dan es quizás un buen momento para realizar algunas reflexiones de carácter personal sobre lo que representa éste y el taekwondo en la vida de uno.

 Pero antes de pasar a estos temas me gustaría agradecer a Sabun-nim Alejandro Veyssiere el haber asistido a Benicasim el 4 de Febrero de 2017 para examinarme de grado junto con mis compañeros Iván, Culebra y Leny (mi décimo examen con el), a Bo-Sabum José Carmena por sus inestimables consejos y ayuda, y a la gente de Benicasim, Sabun-nim Fernando Zabini y Bo-Sabum Matteo (a secas, pues sólo hay uno) por su entrañable acogida.

 Mentiría si afirmase que cuando comencé a practicar Taekwon-do, allá por septiembre de 2010, mi objetivo era llegar a cinturón negro. Desconocía lo que era el Taekwondo, del mismo sólo conocía lo que vislumbraba a través del cristal del gimnasio que separaba el Dojang de la sala de pesas. Aún recuerdo cuando para satisfacer mi curiosidad le pregunté a Alejandro (en aquellos tiempos desconocía el término Sabun-nim) sí podría recibir una clase de prueba. Bienvenido, fue su respuesta entonces, una actitud que ha mantenido conmigo y con el resto de compañeros durante todo el tiempo en que fue nuestro instructor. Tras una segunda clase de prueba me enganché. Durante ese período inicial me bastaba con mantenerme en pie tras la clase de hora y media. Y desde entonces hasta hoy, febrero de 2017, he estado asistiendo de forma regular a las clases de taekwondo, únicamente interrumpidas por un par de ingresos hospitalarios por la visita de unos inoportunos pneumococos, y un período de recuperación tras una rotura de cúbito y radio, además de alguna que otra lesión y achaque temporal.

 Sinceramente, por aquel entonces por lo que realmente suspiraba era por alcanzar el cinturón verde. ¡Qué felicidad debería sentirse al realizar ese Yop Chagi de Won-Hyo!, que me fascinaba ver ejecutar una y otra vez a mis compañeros. Tres años después conseguí el tan ansiado cinturón verde, aunque no clavar el Yop Chagi. ¡Pero fue un subidón! Desde entonces ya no he tenido objetivos tan definidos, únicamente me propuse disfrutar el día a día e ir llegando sin prisa alguna a donde me correspondiese en base a mi preparación.

 

Tras cerca de siete años de práctica he conseguido el primer dan. He de reconocer que no ha sido una tarea fácil, en gran parte por algunas restricciones físicas, agudizadas por no haber arrastrado conmigo una vida “sana y deportiva”. No obstante, cuando las cosas se hacen con ilusión, se acaban consiguiendo. Pero volviendo al grano, trataré de responder qué es para mi el Taekwon-do y que es lo que me ha aportado y aporta, así como lo que representa la consecución del primer dan.

 

Comenzando por la segunda, conseguir el primer dan es únicamente un paso mas en mi recorrido por el aprendizaje del Taekwon-do, aunque he de reconocer que tiene para mí una simbología especial, en cuanto que tengo la sensación de haber adquirido las bases conceptuales teórico-prácticas que me facilitarán adentrarme en la práctica de este arte marcial. Además, también hay que decirlo, el Dobot de cinturón negro mola mucho mas que los de color. No me cuesta mucho imaginar que si tuviera algunas decenas de años menos, estaría como una moto sabiendo que el primer dan me abría las puertas a las competiciones internacionales, lo que constituye sin duda una mas que fuerte motivación para disfrutar y entrenar a fondo.

 

Respecto a lo que es para mi el Taekwon-do, decir que constituye una excelente disciplina para mejorar mi capacidad física y mi actitud mental. El aspecto físico sin duda ha contribuido a mantenerme en una forma física aceptable, además de mejorar notablemente mi resistencia y flexibilidad, aunque esto último hay que currárselo día a día. La vertiente mental, además de permitirme ejercitar la memoria y el razonamiento, me ha ayudado a mejorar mi autoestima y a desarrollar una mejor atención a lo que realizo, cualidad que tengo que poner en práctica para sincronizar la respiración y los movimientos de manos, piernas y pies que exige la ejecución de cada postura y técnica.

 

Pero hay un aspecto del taekwondo, que quizás no sea inherente al mismo, pero del que he disfrutado en nuestro Dojang, y que me gustaría comentar brevemente. Este aspecto obedece a la extensa diversidad que he encontrado en mis compañeros. Diversidad manifestada en su rango de edades, en su amplia gama de actividades laborales y académicas, y en su variada procedencia. Estoy convencido que la integración de estos polimorfismos juegan un papel relevante en el buen ambiente que existe entre los compañeros, y he de reconocer que ha contribuido a enriquecerme como persona.

 

Sabum-nim Alejandro, mi maestro durante casi todo mi período de entrenamiento y formación, mi agradecimiento por tus enseñanzas, y mi admiración por tu afectividad, comprensión, capacidad de integración y de transmitir entusiasmo, y por esa buena cara una y otra vez. Sabum-nim Fran gracias por tus enseñanzas, actitud positiva y buen hacer, y por haber mantenido, con tu toque personal naturalmente, el buen ambiente que se respira en el Dojang, además claro de hacerme ver la relevancia del Dwi Chagi. Bo-Sabum José Carmena, mi agradecimiento por tu entusiasta disposición y enseñanzas, mayoritariamente recibidas en el Dojang de Three Waters, en el que tantas horas he pasado en los últimos dos años. Gracias a mis instructores por esa disposición que habéis tenido hacia todos, tanto con los mejores como con los peores. Eso cuenta mucho.

 

Gracias compañeros por haberme pegado sólo lo justo y necesario, por haber comprendido y atendido correctamente mis restricciones y por vuestra continua disposición a darme consejos teóricos y prácticos. Ha sido un privilegio para mí haber compartido tantos momentos con vosotros, incluyendo esas cervezas tras algunas de las clases. Sois un excelente ejemplo de empatía. Confío en que hayáis obtenido, a lo largo de estos últimos años, algo útil de mí. Si así fuese me sentiría gratificado por lo que he conseguido de vosotros.

 

He tenido y tengo mucho afecto hacia mis compañeros de clase, pero si que me gustaría dedicar unas palabras de agradecimiento al ahora Bo-Sabum Iván Santos, mi gemelo de cinturón a lo largo de los últimos seis años, y del que únicamente me separan algunos años de edad. Gracias Iván por haberme tratado tan bien como me has tratado, por haber compartido conmigo con naturalidad, alegría y paciencia muchas horas de entrenamiento de técnicas, Tuls, Matsogi y Hosinsul, así como los correspondientes exámenes de grado, y por haber comprendido mis limitaciones. Espero haberte devuelto con mis exhortaciones ocasionales y mi entusiasmo hacia el Taekwon-do, parte de lo que tu me has aportado a mi.

 

Por supuesto no puedo dejar de mostrar un agradecimiento a mi familia, por haberme aguantado tantas horas de ausencia y alguna que otra lesión, pero sobre todo por haberme permitido jugar a Peter Pan.

 

No querría concluir esta sección sin mencionar que en mis escasas salidas a otros Dojang, también he experimentado en ellos una sensación cálida de acogida, supongo que dictada por la buena gente que practica el Taekwon-do.

 

Y no penséis que este escrito es una despedida, aún me tendréis que aguantar durante un buen tiempo, pues pienso seguir disfrutando de los entrenamientos, de vosotros y del aprendizaje del Taekwon-do, y quién sabe, quizás en algún momento me presente a segundo dan, y por qué no, me prepare para competir y posiblemente inaugurar la categoría Platinum, si es que encuentro algún rival. Y como ya os mencioné en alguna que otra ocasión, no contéis los días, haced que los días cuenten.

 

¡Taekwon!

 

Febrero de 2017

 

Miguel A. Vega

Primer Dan por diversión, disciplina, esfuerzo, y empatía.

 

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